¿Cómo hacerlo? Pues para empezar ofreciendo
un trato personalizado a nuestros clientes. Piense que esa
innovación de calidad puede en ocasiones ser algo
tan sencillo como una tarjeta de felicitación en Navidad,
o una saludo a tiempo, o recordar el nombre de su cliente,
su fecha de cumpleaños, un detalle revelador sobre
sus gustos o preferencias. Pero, sobre todo, tenga en cuenta
que lo primero que debe hacer es conocer a la perfección
quién y cómo es su competencia.
Cómo saber quién es mi competencia.
Si usted es de los que se informa antes de dar cualquier
paso sabrá —y habrá visto hasta la saciedad
cómo todas las instituciones y organismos lo aconsejan— que
debe empezar por realizar un estudio de mercado. Pero en
ocasiones el primer error se esconde precisamente en este
punto. El experto Rafael Muñiz, autor del primer libro
sobre marketing que se colgó gratis en la Red, asegura: “Cuando
pregunto a la gente quién es, por ejemplo, la competencia
de McDonald`s, siempre recibo la misma respuesta: Burger
King. Pero... ¿Por qué no Vips, Pans&Company,
Rodilla, los restaurantes tradicionales, o incluso, me atrevería
a decir nuestra propia casa cuando vamos a comer? No debemos
olvidar que la competencia no adquiere una misma presencia,
si no que posee múltiples formas y que, al igual que
una ficha de ajedrez, tiene que ser movida de manera diferente”.
Efectivamente, cuando el empresario se plantea cuál
es su competencia, directamente acude a los negocios de su
mismo sector, empezando por los que se encuentran en su mismo
barrio, en su ciudad y desde ahí hasta las grandes
compañías internacionales. Pero es necesario
abrirse de miras y empezar a tener en cuenta a muchas otras
empresas a las que, en un principio, no consideraríamos
como parte de esa competencia.
Por ello lo mejor es acudir primero a Internet, donde podremos
encontrar mucha información al respecto: quiénes
son, qué ofrecen, cómo lo ofrece, e incluso
en muchos de los casos cuánto cobran por lo que ofrecen.
Tómese su tiempo. Abra una hoja Excel o una base de
datos Access y conéctese. Desde un buscador hasta
las páginas amarillas, es hora de iniciar la búsqueda.
No todo está en la Red, ni mucho menos, pero Internet
es un excelente termómetro en el que medir la temperatura
de su empresa. Observe si las empresas que usted considera
como su competencia están muy bien posicionada en
buscadores y disponen de mucha información en la Red,
o si ni siquiera es posible encontrar su teléfono
por Internet. ¿Qué le dice eso de las ambiciones
empresariales de esas compañías? Por cierto, ¿y
su empresa, qué tal es la imagen de su empresa en
la Red?
La competencia menor. Estamos hablando de las empresas que
parecen tener menos volumen de negocio que la suya, menos
clientes, menos capital y menos recursos. Y decimos que parecen
porque es precisamente a estas empresas, que a primera vista
parecen menos importantes, a las que más tiene que
vigilar. Es cierto que usted dispone de más medios,
pero ellos pueden haber apostado por suplir esa carencia
con creatividad y originalidad.
Es por ello que no debe dejar de estar atento a esas empresas
emergentes que nacen frente a la suya con un local más
pequeño, con menos gente… pero que puede que
compensen sus carencias con elevadas dosis de entusiasmo
e ideas. ¿No es acaso eso lo que buscamos todos para
nuestro negocio?
Las empresas pequeñas tienen además una capacidad
de reacción mucho más rápida que el
resto, ya que no han de mover excesivas piezas o engranajes,
como las grandes compañías con complejas arquitecturas
empresariales.
Los que son como usted. Ésta es la guerra. Analice
este tipo de empresas para descubrir aquello en lo que se
considera mejor o peor. Y eche mano para ello de la pieza
fundamental: sus clientes. Pregúnteles a ellos. ¿Cómo?
He aquí donde ha de desplegar toda su creatividad.
Así como es muy distinto lo que usted piensa de si
mismo con respecto a lo que piensan los demás, no
se engañe, lo mismo sucede con las empresas. ¿Sabe
cómo le ven sus clientes? Averígüelo.
Pongamos un ejemplo. Piense en una tienda de libros, donde
usted cree que resalta con respecto a la librería
de la esquina porque tiene los libros perfectamente clasificados
por autores. La competencia sin embargo parece tenerlos desordenados,
o con otra clasificación que a usted se le escapa.
Resulta que el propietario ha decidido esperar e invitar
con ello a que el cliente le pregunte por lo que está buscando.
De esta forma se establece una conversación, un contacto
que, gracias a las dotes de convicción y conocimiento
del negocio del propietario, se resuelve en una venta y un
posible cliente más satisfecho que los suyos, aparentemente
más autosuficientes.
En un artículo escrito para Microsoft, Jeff Wuorio
nos invita a convertirnos en clientes de nuestra competencia.
Es sin duda la mejor de las maneras de conocer al otro. “Tenga
por descontado que va a competir con alguien; nunca presuponga
que es el único en su sector. La investigación
in situ es de gran utilidad. Observe el movimiento de clientes,
tome nota de los momentos álgidos y bajos y del flujo
tanto en el número de clientes como de artículos
vendidos. Si se trata de un minorista, no sea tímido
y compre algo. Por último, si bien es fácil
fijarse en las debilidades de la competencia, ponga gran
atención en lo que hacen bien”. “Comprenda
cómo ganan dinero”, recomienda David Gumpert
en su libro How to Really Start Your Own Business, que instruye
sobre cómo empezar en serio un nuevo negocio. “No
se centre sólo en sus pifias; averigüe el secreto
de su estabilidad en el negocio”.
Este último concepto es muy importante. No analice
a la competencia como una madre a la que ningún novio
de su hija le satisface. Seguro que hay algunas cosas que
hacen mejor que usted. Descúbralas antes que criticar
lo que aparentemente hacen peor.
La competencia mayor. Y luego están esas empresas
a las que, de tan grandes o exitosas que son, casi no se
atreve a considerar como enemigos. “Con esos no podemos
competir”, “eso son palabras mayores”.
Está usted cayendo en el mismo error que antes. La
madurez empresarial pasa por considerar a la competencia
grande desde un análisis lúcido e inteligente.
Deje de soñar con que algún día le gustaría
ser como ellos y piense en cómo empezaron, qué hicieron
para llegar a ser lo que son, cómo se mantienen y,
sobre todo, qué tiene usted que no tengan ellos.
Ahora han cambiado las tornas y usted es esa pequeña
empresa que dispone de una capacidad de reacción mayor
y que ha de tirar de creatividad e ingenio para poder afrontar
y ganar a sus clientes. Kim y Mauborgne realizaron un estudio
sobre el lanzamiento de más de un centenar de empresas, “para
cuantificar el relativo impacto del valor de la innovación
en los beneficios y el crecimiento, según las mejoras
originadas por la competitividad”. ¿Qué descubrieron?
Que a pesar de que el 86% de las iniciativas empresariales
eran imitaciones o copias, estas compañías
sólo sumaban el 62% de los ingresos y el 39% de los
beneficios totales. El otro 14%, aquellas empresas que innovaban
y abrían nuevos segmentos, aglutinaban el 38% de los
ingresos y el 61% de los beneficios.
Benchmarking. Por último, no podemos dejar de mencionar
otro concepto cada vez más en boga: el benchmarking.
Se trata de una técnica de gestión empresarial
encaminada a descubrir y definir los aspectos que hacen que
una empresa sea más rentable que otra, para después
adaptar el conocimiento adquirido a las características
de nuestra propia compañía. Existen cuatro
técnicas fundamentales para hacerlo:
•Benchmarking interno: El análisis de la cadena
de valor de la empresa propia aportará los primeros
datos sobre cuáles son los aspectos que mejor y peor
funcionan en la compañía.
•Benchmarking primario: Se recaba información
directamente de la competencia. Es recomendable para ello
consultar a antiguos empleados de esas empresas.
•Benchmarking cooperativo: Consiste en realizar un
intercambio de información con las empresas competidoras.
•Benchmarking secundario: Recopilación de información
de dominio público sobre un sector de actividad: empresas
competidoras, mercados, clientes, proveedores, etcétera.
Cómo ser distinto.
La clave en todo este proceso no radica en ser distinto,
sino en aportar un elemento único, que los demás
no tengan, que no sólo nos haga diferentes sino que
haga que los clientes nos prefieran a nosotros antes que
al resto.
Obviamente, lo primero es saber qué es lo que el
cliente busca. Para ello resulta conveniente mantener actualizada
la información que disponemos sobre nuestros clientes,
para lo que es recomendable contar con un buen programa de
gestión. Este tipo de herramienta le permite organizar
a sus clientes por gustos, hábitos de compras, posibilidades
de financiación o actitudes, y le ayuda a gestionar
sus comunicaciones con ellos. No se olvidará de ningún
cumpleaños, se lo aseguramos.
La información obtenida por el cliente le va a dar
la clave para empezar a ser diferente. Podrá descubrir
por ejemplo que a la señora A, cuando va a su negocio,
le gusta que usted le dé el producto X de tal o cual
forma, y esto le permitirá diferenciarse del resto
de tiendas, en las que no saben cómo quiere ella recibir
su producto. Otro ejemplo. Si usted dispone de una tienda
de productos deportivos y sabe que los señores A y
B compran siempre los primeros días de cada mes productos
de un deporte determinado, podrá enviarles ofertas
que ellos consideran que llegan siempre en el momento adecuado.
A estos aspectos se refiere precisamente la nueva expresión
acuñada en el mundillo del marketing: la inteligencia
competitiva, es decir, los métodos y procesos —éticos
y legales— de análisis de un sector económico,
y de las capacidades y comportamiento de la competencia,
para obtener y mantener la ventaja competitiva de la empresa.
En todo caso, con el punto de partida del conocimiento de
los usos del cliente podemos pasar a adelantarnos, introduciendo
en nuestra estrategia la creación de necesidades.
Es ahí donde nos adelantaremos de forma contundente,
y donde necesitaremos echar mano de toda la creatividad e
ingenio que tengamos a mano.
Se trata de hacer las cosas con cuidado, con gusto, con
el tiempo necesario para que no caer en la rutina gris. Un
ejemplo. Quizá usted disponga de una cuenta de correo
electrónico con la que se comunica con sus clientes.
Seguramente sus clientes reciban a su vez muchos más
correos electrónicos de todo tipo: ¿por qué han
de fijarse pues en el suyo? ¿qué tiene el suyo
que no tengan los demás?
Usando el programa Microsoft Outlook podrá personalizar
a fondo todos sus mensajes. Podrá añadir el
logo de su empresa, una firma original y profesional, e incluso
una pequeña cuña publicitaria. Tenga en mente
el ejemplo de las tarjetas de visita, y hasta que punto se
han refinado para acomodarse a los gustos de todos y, sobre
todo, llamar la atención en un ambiente muy competitivo.
Hoy por hoy no hay duda de que el correo electrónico
es una gran tarjeta de presentación que no hemos de
descuidar. Ah, y no olvide poner el asunto del mensaje, pues
para muchos usuarios es decisivo a la hora de leer o no su
contenido. Acierte siendo directo, convenza de que lo que
está enviando es de interés para su cliente.
La tecnología le permite además comunicar
sus campañas y ofertas mediante mensajes de móvil,
de forma instantánea, y permanecer en contacto con
sus clientes desde cualquier lugar. Y mucho más.
Hace no mucho presentaron un mecanismo que permitía,
pasando por un dispositivo lector de códigos de barras,
saber en todo momento el dinero que llevamos gastado en nuestro
carro de la compra. Puede que nunca lo hayamos ido calculando
sobre la marcha, pero seguro que cuando instalen esta aplicación
todos empezaremos a mirar los precios con más detenimiento
aún si cabe en busca del máximo ahorro posible.
O piense en los gimnasios que incluyen la posibilidad de
ver la televisión mientras se anda en bicicleta. La
clave es encontrar ese detalle que permita ser diferentes
y de paso meternos al cliente en el bolsillo.
Se trata de ser diferente a mi competencia, y es ahí donde
la tecnología se pone a su servicio. Usted ha de ser
quien decida cómo aplicarla a su negocio. Pero no
lo olvide: como señala el experto Javier Suárez
en un análisis publicado en la revista Ser Empresario, “las
empresas con tecnología aumentan su cuota de mercado”,
mientras que “la falta de tecnología impide
muchas veces el crecimiento”.
En conclusión, y usando las palabras del experto
Luis José Vinante: “Quizá usted ofrece
algo igual a lo que ofrecen sus competidores. Lo que importa
es como lo percibe su público. La
verdad percibida es definitivamente más poderosa que la verdad en sí misma. Así que trabaje para posicionarse en la mente de su
público como el mejor”.
Ya es hora pues de que sus materiales de publicidad y marketing
sean de la calidad adecuada y transmitan toda su profesionalidad.
Donde antes solo las empresas especializadas o personal altamente
cualificado podían llegar, hoy día gracias
a la tecnología, podemos ser nosotros mismos los que
creemos nuestros materiales publicitarios.
Aproveche toda su creatividad. Y la de sus empleados. Deje
que sus empleados puedan desarrollar sus ideas ofreciéndoles
las herramientas necesarias para conseguirlo. Seguramente
con una inversión mínima pueda formarles (e-learning)
y dotarles de la tecnología con la que poder iniciar
nuevos proyectos.
No termine por convertirse en un emprendedor dentro de su
propio negocio. Por muchas iniciativas que tome para diferenciarse,
si sus empleados no siguen su ritmo de poco le va a valer.
Comparta los conocimientos de sus empleados y cree foros
de discusión. El conocido como Know how, esa experiencia
y conocimientos sobre cómo funciona cada uno de los
elementos de la empresa, no ha de ser nunca limitado a las
personas o departamentos, sino que ha de conseguir que se
conviertan en valores compartidos y al alcance de todos.
Aproveche al máximo todos sus recursos para ser diferente,
para andar un paso por delante de la competencia.
Tomás Soto (Sn@ke)
León (España)
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