De un tiempo a esta parte, la figura del
hacker ha despertado gran expectación en la sociedad.
Su astucia y brillante capacidad para desenvolverse en el
denominado “underground de la Red ”, han sido
en ocasiones objeto de estudio, así como motivo suficiente
como para convertir su actividad en el argumento de una película
de acción. De hecho, filmes como “Juegos de
guerra” o “Hackers”, intentaron retratar
a este tipo de intrusos, mostrando a jóvenes prodigio
capaces de acceder a complejos sistemas de información,
con un único objetivo: poner en evidencia la seguridad
de los mismos. Pero no es en realidad un prototipo, y todos
sabemos que la ficción no supera la realidad.
Los primeros hackers comenzaron a actuar en la década
de los ochenta. Desde entonces, el continuo crecimiento del
número de ordenadores conectados a Internet, -se ha
llegado a registrar una cifra de 407,1 millones de internautas
en el último año- ha facilitado no sólo la aparición
de nuevos “fichajes”, sino también su futura
preparación. El término fué popularizado
por el escritor Steven Lery en su obra titulada “Hackers”,
donde se retrata a una serie de individuos cuya única
pretensión era la de convertir la tecnología
en un bien accesible para todo el mundo. Sin embargo, desde
entonces, el término “hacker” ha ido adoptando
un sentido mucho más peyorativo, utilizando para calificar
a aquellos programadores capaces de causar la caída
de un sistema en vez de solucionar el problema a través
de la tecnología. De hecho, en la obra “A prueba
de Hackers”, su autor Lars Klander llega a definir a
este colectivo como a un conjunto de “personas que se
divierten rompiendo sistemas, robando contraseñas y
el código de programas, y generalmente, intentando resultar
tan problemáticos como sea posible”. (Pobre ignorante,
su concepto de hackers seguro que está influido por
algún ataque sufrido o algún resentimiento personal).
No obstante, no todos los intrusos que se introducen ilegalmente
en los sistemas no tienen el mismo afán de destrucción,
por lo que no merecen el mismo tratamiento. Según el
conocimiento que presenten del medio en el que operan, estos
individuos pueden definirse de un modo u otro. En este sentido,
Eric S. Raymond en su obra “The New Hacker’s Dictionary”,
(Diccionario del Hácker), define a este tipo de intrusos
como personas que disfrutan del reto intelectual de superar
las limitaciones de forma creativa. El autor también
señala que los hackers se consideran a sí mismos
como parte de una élite, en la que la habilidad es una
de sus virtudes, y el deseo de encontrar modos de quebrantar
nuevas medidas, uno de sus móviles.
Su orgullo y elevada autoestima indujo a estos personajes a
acuñar en 1985 otros términos como cracker, para
aludir a un tipo de intrusos que, con menor experiencia técnica
que el resto, son incluso más peligrosos que ellos mismos.
Considerados como verdaderos vándalos, los crackers
suelen agruparse en grupos pequeños y privados. Es el
denominado lado oscuro del hacking, donde prima el objetivo
de introducirse ilegalmente en sistemas, desproteger productos
y, en definitiva, destruir.
Por todo ello, y a pesar de la ilegalidad de cualquiera de
estas acciones, el hacker es posiblemente la figura mejor considerada
dentro del denominado submundo electrónico. Es más,
su conocimiento y experiencia se han convertido en ocasiones
en un recurso muy codiciado por algunas entidades y compañías,
deslumbradas por la habilidad de estos individuos. Fue el caso
de “El bruxo”, un pirata que consiguió acceder
a la Web oficial del presidente de Irán, y dejar un escrito,
sin dañar ningún tipo de información.
La brillantez del hacker sorprendió tanto al presidente
que, sin dudarlo, le ofreció un puesto de trabajo, cosa
que el rechazó pues su país de origen era España,
es el día de hoy que nadie todavía sabe quién
es ni dónde está ubicado, tan solo un grupo de
sus amigos lo conocen.
Antes de realizar cualquier ataque, el hacker comienza a husmear
por la red, con el fín de recopilar toda la información
posible sobre el sistema al que desea acceder. Es el denominado
ataque de sniffer, basado principalmente en conseguir la clave
de un usuario y su contraseña, y utilizarla después
para introducirse en una red distribuida. Para ello se utilizan
unos programas (sniffers), capaz de capturar paquetes de datos
que pasan por un servidor, para conseguir los login. Otra técnica
muy utilizada por la comunidad de hackers durante la fase de
recopilación de información es la denominada
Ingeniería Social. Se trata de una estrategia que el
intruso pone en marcha, fingiendo ser otra persona para obtener
información relevante. Uno de los escenarios en los
que se utiliza esta técnica con mas frecuencia es el
IRC. A menudo, y tras establecer amistad con un usuario fingiendo
ser otra persona, algunos hackers llegan incluso a convencer
a su víctima de que la cuenta que está utilizando no es propia
y que debe desconectarse. Es entonces cuando le comenta que,
a pesar de ello, le gustaría seguir manteniendo su amistad
y que por tanto, la única solución es que el
segundo le deje utilizar su password.
Un método mas sofisticado es el basado en la predicción
de secuencias de números adjudicados a cada uno de los
paquetes transportados sobre protocolos TCP/IP. En la obra “A
prueba de Hackers” de Lars Klander, el autor explica
como se lleva a cabo este ataque. En primer lugar el intruso
averigua las direcciones IP del servidor, espiando los paquetes
de datos que van dirigidos a él o bien conectando con
el sitio que desea atacar a través de un explorador
Web y viendo la dirección que aparece en la barra de
estado. Una vez conocida la dirección IP del sistema
y sabiendo el número de ordenadores que pueden estar
conectados a la Red, el intruso puede lograr su objetivo. Solo
tendrá que probar distintas secuencias numéricas
hasta dar con la deseada. Una vez logrado el primer paso, el
intruso podrá acceder fácilmente a los datos
que contenga el servidor.
Otra de las amenazas preferidas de los hackers es el ataque
basado en contraseñas, mediante el uso de programas
específicos capaces de comprobar las password automáticamente.
Uno de los mas populares es el basado en diccionarios. En el
caso de herramientas como DCM 2.0, Dictionary File Creater
1.1, DictMake, Advanced zzip password recovery o John the ripper
para LINUX/UNIX, capaces de recorrer todas las palabras de
un diccionario hasta encontrar la contraseña. Son aplicaciones
muy útiles para todos aquellos que desconocen la password
por completo. Sin embargo, no hay que olvidar que, en función
de las capacidades técnicas que posea el hacker, deberá invertir
mas o menos tiempo en la búsqueda.
No obstante, es posible que el intruso conozca algunos de los
caracteres alfanuméricos que configuran una contraseña.
En este caso, puede utilizar aplicaciones como Refiner, que
tras un proceso de búsqueda y partiendo de algunos caracteres
predefinidos por el usuario, muestran diferentes combinaciones
de contraseñas en un documento de texto. La mayoría
de estos programas se encuentra disponibles de forma gratuita
en Internet, en cualquiera de las miles de páginas Web
dedicadas al mundo del hacking y del cracking. Sin embargo,
el hacker ha de tener siempre en cuenta, que su intromisión
puede a veces volverse contra él ya que, normalmente, éste
ha de revelar su situación para llevar a cabo la amenaza.
Si es detectado por su víctima, el servidor también
será localizado. En cualquier caso, un hacker que se
precie nunca cometerá tal error, sino que utilizará un
ordenador que no le pertenezca. En este caso, la dificultad
de cazar al intruso con las manos en la masa se incrementa,
teniendo en cuenta que sus ataques duran escasamente unos minutos.
Por tanto, en la mayoría de los casos, las víctimas
se han de conformar con lograr reiniciar el servicio una vez
producida la amenaza. No obstante, estos últimos pueden
plantear medidas de seguridad que les permitan evitar futuras
amenazas. No hay que olvidar que la utilización de firewalls
o cortafuegos, a la hora de conectar una red local a Internet
puede evitar males mayores. Otra posibilidad consiste en utilizar
firmas digitales para asegurar la confidencialidad de un documento,
o codificar las transmisiones que se realicen, sobre todo a
través de la red. Para ello, el receptor deberá contar
con una clave para poder traducir el mensaje.
A pesar de las “buenas intenciones” que pueden
inducir a este tipo de individuos a cometer su ataque, lo cierto
es que esta actividad es ilegal y, por tanto, esta contemplada
como delito penal. De hecho, recientemente el mundo entero
ha podido asistir a un importante juicio celebrado contra un
hacker en Estados Unidos. En esta ocasión, el acusado
era un joven de 16 años llamado Mafiaboy. El motivo
de su detención no fue otro que hackear las páginas
Web de Yahoo!, CNN, Amazon y eBay. La acción del joven,
que finalmente se declaró culpable de 55 de los 65 cargos
que se le imputaron, provocó unos daños que ascendieron
a 1.700 millones de dólares. Unas cifras escalofriantes
que llevaran a Mafiaboy a permanecer en libertad condicional
hasta el dictamen de la sentencia.
En cualquier caso, el interés por poner punto y final
al brillante currículum de estos intrusos no es una
pretensión actual. Ya en 1.990 se inició en Estados
Unidos una caza de hackers, traducida en multitud de denuncias,
arrestos, juicios e incluso confiscaciones de equipos. El escritor
Bruce Sterling lo refleja en su libro electrónico “The
Hackers Crackdown”, y explica cómo el Servicio Secreto
de EE.UU., civiles expertos en seguridad telefónica
y departamentos y brigadas de policía estatales y locales “unieron
sus fuerzas en un decidido esfuerzo por aplastar la cabeza
del underground electrónico americano”. Desde
entonces, han surgido multitud de grupos de presión
generados con el único objetivo de poner fin a las acciones
de este colectivo y regular la situación. De hecho,
una de las últimas iniciativas ha sido la constitución
de la organización IT Information Sharing and Analisis
Center (IT-ISAC. Formada por un total de 19 compañías,
entre las que se encuentran Computer Associates, Cisco Systems,
Microsoft, Oracle, Veridian, CSC, IBM y Hewlett-Packard, la
entidad se ha creado con la finalidad de informar al sector
de las tecnologías de la información e intercambiar
información sobre incidentes, amenazas, ataques, vulnerabilidades,
soluciones, contramedidas, mejores prácticas de seguridad
y otras medidas de protección. Al IT-ISAC, que trabajará junto
con el Gobierno de EE.UU. para evitar futuros ataques a sus
miembros, pueden adherirse todas aquellas compañías
que lo deseen abonando por ello una cuota de cinco mil dólares
anuales. En España, la legislación contempla
igualmente como delito la intromisión y la intercepción
de las comunicaciones.
En concreto, el artículo 197 del Código Penal
establece que “el que para descubrir los secretos o vulnerar
la intimidad de otros sin su consentimiento, se apodere de
sus papeles, cartas, mensajes de correo electrónico,
será castigado con las penas de prisión de uno
a cuatro años y multa de doce a veinticuatro millones”.
El mismo artículo argumenta a su vez que “las
mismas penas se impondrán al que, sin estar autorizado
se apodere en perjuicio de terceros, de datos reservados de
carácter personal de otro que se hallen registrados
en ficheros o soportes informáticos”. Asimismo,
en el artículo 256 del Código Penal se especifica
que “el que hiciere uso de cualquier equipo terminal
de telecomunicación, sin consentimiento de su titular,
ocasionando a este un perjuicio superior a cincuenta mil pesetas,
será castigado con la pena de multa de tres a doce meses”.
En definitiva, medidas que se plantearan como nuevos retos
para todos aquellos que deseen iniciarse en el apasionante
e ilegal mundo del Hacking.
NOTA :
Sres. Si después de leer esto se dan cuenta Uds de quienes
son los hackers pagados por los gobiernos y grandes empresas
y con todos los medios a su alcance, estarán uds en
el buen camino pues es cierto que los mayores Hackers del Mundo
son las propias Multinacionacionales y los que invitan a realizar
este tipo de ataques. Si en la Red no existe una justicia con
una jurisprudencia ya definida, nadie puede meter en la cárcel
a nadie y menos si no se hace daño, sino que encima
se aprovechan de la información obtenida por estos grupos.
De nada les valdrá su hipocresía, su prepotencia.
Siempre habrá "mentes inquietas" dispuestas a despertarles
de su sueño de control total. Algunos lo harán sólo
por autoestima, otros por demostrar la imposibilidad de controlar
los bits...y algunos lo harán por el simple hecho de sentirse
libres...sentirse bien. Indudablemente alguno lo hará por
demostrar que tiene cualidades más que sobradas para ser un
gran administrador de sistemas. ¡Hay que comer, qué coño!.
Pero ahí estan, es un hecho. Para algunos, un atisbo
de esperanza para la humanidad por sus grandes ideales altruistas.
Para muchos, auténtica basura que hay que eliminar como
sea, pues son lo único que se interpone ante su poder.
Que cada cual saque sus propias conclusiones.
Steven Levy establece en su obra “Hackers, Héroes
de la Revolución Informática”, algunos
principios básicos del hacking:
1º. - El acceso a los ordenadores y a cualquier cosa que
pueda enseñar algo acerca del modo en que funciona el
mundo debe ser ilimitado.
2º. - Apelar siempre a la expresión: ¡Manos
a la obra!
3º. - Toda información ha de ser libre y gratuita.
4º. - Hay que desconfiar de la autoridad.
5º. - Los hackers deberán de ser juzgados por sus
actos, y no por falsos criterios como títulos, edad,
raza o posición.
6º. - En un ordenador puede crearse arte y belleza.
7º.- El ordenador puede mejorar la vida.
Muchas gracias por leer todo esto e intentar comprenderlo.
Sin la libertad no se puede vivir ¿quién nos
la quiere quitar?, ¿por qué debemos borrar nuestras
huellas y caminar sin pisar el suelo?
Tomás Soto (Sn@ke)
León (España)
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